La industria argentina acumula señales de deterioro económico preocupante. Según registros oficiales, la actividad productiva cayó 2,8% en septiembre respecto al mismo período anterior, evidenciando una tendencia bajista en el desempeño sectorial.

El origen del problema radica fundamentalmente en la demanda interna deprimida. Con consumidores reduciendo sus compras y empresas limitando inversiones, la industria local enfrenta una contracción de sus mercados cautivos, lo que obliga a ajustes en la producción y el empleo.

Las perspectivas que manejan especialistas del sector privado resultan alarmantes. Para el ejercicio en curso, se prevé el cierre de aproximadamente 3.300 industrias en territorio nacional. A este número se suma la proyección de 105.000 puestos de trabajo que dejarían de existir, generando un impacto considerable en el empleo fabril.

A la debilidad de demanda se suma otro desafío competitivo: la estructura de costos laborales. En términos de dólares, los salarios argentinos pueden ser hasta 40% más elevados que los que se pagan en Brasil, mercado regional clave. Esta brecha coloca a los productores locales en situación de desventaja frente a competidores sudamericanos.

El escenario configura una tormenta perfecta: caída de ventas internas, proyección de desaparición de miles de fábricas, destrucción masiva de empleo y costos salariales en dólares que erosionan la competitividad. La industria transita un período crítico que requiere atención urgente.

Imagen: Sonny Vermeer / Pexels – Con informacion de Ámbito

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