La consolidación de la ideología meritocràtica en Brasil produjo un reordenamiento político de magnitud considerable, impactando directamente en la trayectoria electoral del Partido de los Trabajadores. El énfasis en la responsabilidad individual como explicación única del éxito social desplazó progresivamente las propuestas orientadas hacia la intervención estatal y la equidad.

Décadas atrás, el PT había construido su fuerza política sobre un diagnóstico distinto: que las desigualdades no son resultados de esfuerzo diferenciado, sino de barreras estructurales que requieren políticas correctivas. Sin embargo, la emergencia del discurso meritocràtico en el espacio público brasileño transformó los términos del debate.

El mito del mérito—la creencia de que quien trabaja adecuadamente logrará prosperar independientemente de sus circunstancias iniciales—se expandió mediante múltiples canales: medios de comunicación, redes sociales, espacios políticos. Gradualmente, pasó de ser una posición marginal a configurarse como sentido común compartido por millones de brasileños.

Para el PT, esta transformación ideológica representó un obstáculo formidable. Sus electores tradicionales, o al menos parte de ellos, fueron siendo persuadidos por argumentos que ubicaban la responsabilidad del éxito o fracaso en el plano individual. La lógica meritocràtica generaba la impresión de que políticas redistributivas eran innecesarias o contraproducentes.

Lo paradójico radica en que el concepto de mérito, cuando opera de manera absoluta, perpetúa precisamente las inequidades que pretende explicar. Al atribuir toda la responsabilidad al individuo, se invisibilizan los condicionamientos previos: acceso desigual a educación, capital cultural, redes sociales, oportunidades económicas. Sin embargo, su poder persuasivo en la arena política resultó innegable.

Observadores de la realidad brasileña señalan que el retroceso del PT está íntimamente ligado a esta batalla ideológica por la hegemonía narrativa. Cuando el mérito se convierte en explicación universal, los proyectos políticos que cuestionan esa narrativa encuentran un terreno político cada vez más hostil.

Imagen: Igor Kishi / Pexels – Con informacion de El Cronista

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