Un cambio en los patrones climáticos globales, encarnado en el fenómeno de El Niño, trajo alivio a las zonas productoras agrícolas de Santa Fe. Las precipitaciones generadas por este evento han impactado positivamente en el trigo, ofreciendo humedad en una etapa crítica de su ciclo.
Pero los beneficios no se limitan a este cereal. Las lluvias también han recompuesto significativamente las reservas de agua en el suelo, preparando así el terreno para la siembra de soja, que ya ha comenzado su despliegue en diferentes regiones productivas.
En Aldao, los productores rurales expresaron su conformidad con la oportunidad de estas precipitaciones. La llegada del agua fue comparada, en sus propias palabras, con un evento deportivo de máxima tensión resuelto en el momento más inesperado.
Este timing favorable entre el desarrollo del trigo y la implantación de la soja no es casual, sino resultado de cómo los ciclos agrícolas interactúan con los ciclos climáticos naturales. La disponibilidad hídrica en el momento exacto del calendario productivo es determinante para los rendimientos de ambos cultivos.
El suelo con reservas recuperadas ofrece a la soja condiciones de germinación y enraizamiento más seguras. La humedad acumulada reduce la dependencia de lluvia inmediata en los primeros estados vegetativos, cuando la planta es más vulnerable a déficits hídricos.
Los agricultores de la zona valoran especialmente cómo la naturaleza, a través del fenómeno de El Niño, ha generado una ventana de oportunidad para ambos cultivos simultáneamente. Esta convergencia mejora significativamente las perspectivas para la campaña agrícola en curso.
Imagen: Péter Kövesi / Pexels – Con informacion de Clarín Rural





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