El economista Cachanosky realizó una crítica incisiva sobre la dirección que ha tomado la política económica, argumentando que lo que se describe como una revolución productiva es en realidad un proceso de cierre y liquidación de empresas a escala.

Según Cachanosky, existe una desconexión fundamental entre la autopercepción de los hacedores de política y lo que ocurre efectivamente en la realidad económica. Mientras que en los círculos de decisión se considera que se impulsa una transformación revolucionaria del aparato productivo argentino, en los hechos estaría ocurriendo un vaciamiento de firmas y negocios.

El economista enfatizó que la liquidación de «un montón de empresas», como señaló, no puede ser interpretada como un avance productivo o estructural. Por el contrario, la desaparición del tejido empresarial existente atenta contra cualquier posibilidad de crecimiento económico duradero.

Esta observación de Cachanosky toca un punto central del debate actual: la evaluación de los resultados concretos de las políticas aplicadas. Mientras que los responsables de la gestión económica visualizan sus acciones como parte de un plan de reestructuración positiva, desde la óptica de especialistas como el economista en cuestión, lo que se observa es un deterioro progresivo del aparato productivo.

La divergencia de interpretaciones refleja una tensión profunda respecto a cómo medir el éxito o el fracaso de las medidas económicas. Para unos, se trata de transformaciones necesarias; para otros, como Cachanosky, se trata de daños directos a la capacidad productiva del país. Este debate seguirá siendo central en la evaluación de la política económica en los próximos períodos.

Imagen: Alexander Grey / Unsplash – Con informacion de Perfil

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